Mi gusto por la joyería comenzó desde que era niña, pues mi abuela es joyera y como a los ocho años me encantaba pasar el tiempo con ella en su taller. Me intrigaba muchísimo saber para qué servía cada una de las herramientas y, al principio, jugaba a hacer joyería. Después, cuando mi abuela vio que realmente me interesaba, me fue enseñando algunas cosas básicas. La vida académica nunca fue lo mío
y, cuando crecí, no tenía muy claro qué hacer con mi vida. Allí recordé cuánto me gustaba trabajar con las herramientas de mi abuela y comencé a hacer bisuteria. Más adelante tomé algunos cursos de joyería y me di cuenta que se han automatizado muchos procesos y que muchos orfebres ya no tienen tanto trabajo como antes. Por eso decidí tomar cartas en el asunto y cree DAM Joyería, que es un acrónimo de mi nombre, Diana Ascencio Montes. Yo diseño las piezas y trabajo con talleres de artesanos de mi comunidad: San Miguel de Allende, Guanajuato. Esta ciudad, llena de tradición pero muy cosmopolita fue el lugar donde comencé a crecer como joyera. Aquí di mis primeros pasos trabajando con la plata -material que ocupa más del 90% de nuestras piezas actualmente- y empecé a experimentar con diseños cada vez más llamativos. El diseño de joyería me ha hecho ser una mujer más plena, algo a lo que también contribuye ayudar animales que lo necesitan. Por eso me gusta rescatar a perros de la calle, dándoles hogar temporal o definitivo -vivo con siete perros-. De hecho, parte de los ingresos de cada venta de DAM los destino para ayudar a los perros callejeros.