06/01/2026
En 1949, Roberto López tenía solo 40 pesos y dos caminos por delante: irse al norte a ganar dólares trabajando para alguien más o quedarse en Nayarit y salir adelante por su cuenta. Eligió lo segundo.
Todo comenzó con una receta familiar. Su abuelo preparaba una salsa especial para los botaneros locales, luego su padre aprendió el secreto, y finalmente, Roberto heredó este legado culinario.
A los 18 años, tras ser liquidado de su trabajo como albañil con apenas 40 pesos, su padre lo convenció de no buscar suerte en Estados Unidos y, en su lugar, darle una oportunidad al negocio familiar. “No le tenía mucha confianza a ese negocito, pero por obediencia le hice caso”, confesó alguna vez Roberto.
Con ese dinero, compró un molino de mano, una cerradora de corcholatas y un kilo de chile. Al principio, pensó en llamarla “Salsa Cora”, por los chiles que usaba, pero decidió honrar a la cultura originaria de la región: la Huichol.
La producción comenzó de manera casi artesanal, con apenas 40 botellas a la semana. Sus primeros clientes fueron restaurantes locales y el mercado Escutia. “Con la suerte de que en un restaurante vendí seis botellas, en otro doce… ya me vi con dinero y compré dos kilos de chiles. Así ha sido hasta hoy, ahora utilizamos 800 toneladas anuales”, relató alguna vez.
Hoy en día, Salsa Huichol produce cuatro mil cajas diarias y está presente en tiendas de autoservicio y grandes cadenas como Walmart, Sam’s y Comercial Mexicana.
Don Roberto siempre tuvo un consejo para los jóvenes emprendedores: “México necesita empresarios, no empleados. Porque llegar y poner la manita para recibir la quincena es fácil, pero eso los vuelve mediocres”.
El visionario creador de Salsa Huichol nos dejó en 2019, a los 86 años, en Tepic, Nayarit. Sin embargo, su legado sigue vivo en cada botella y en el corazón de quienes disfrutan su inconfundible sabor.