01/03/2026
3 meses y 20 días de Residencia Artística en Atenas. Van dos y medio. Tuve dos meses horribles, a pesar de estar en un lugar precioso. Mi cabeza fue un carrusel insoportable pero ya se ha calmado. A pesar de todo seguí funcionando, seguí jugando en el taller. Todos los días llega gente de distintas partes y les explico lo que ven en ese estudio, lo que hago, cómo funciona. Siempre es sorprendente conversar con desconocidos, especialmente si la joyería les interesa tanto como a mí. Tengo la vista más linda de Atenas, los compañeros de trabajo más amables y generosos, las herramientas más increíbles.
Entre museos y descansos fuimos a Delfos, a Corintios, a la Acrópolis, a la plaza a tomar chocolate caliente. Todo sirve para calentar el corazón y para seguir creando lo que ya tenía en mi cabeza pero que convertir en objeto es otro asunto.
Les conté que cuando me fui del hotel donde me quedé la primera semana se me quedó el estuche con mis joyas? Jamás lo devolvieron, según ellos no lo encontraron. Luego arrendé un departamento cerca del museo en el que a los días aparecieron cucarachas. Les tengo fobia. Desinfectaron, me fui a otro lugar y volví cuando ya debía estar todo limpio. Rompí un mosquitero, tuve que pagar su arreglo. Aún así,,esta residencia está siendo un espacio de libertad, y a veces la libertad es tan grande que uno no sabe qué hacer con ella. Aprendí que los ortodoxos se persignan al revés, que ofrecen unas velas finitas a sus santos, que no les entiendo ni una sola palabra pero aprendí a saludar en la mañana y en la tarde. Y que la ternura siempre es un refugio. Ah, y que Kapoto significa zanahoria.