16/07/2026
Una tardecita de octubre, junto a mi hermana Graciela, Juan y Cata, viajamos unos kilómetros para buscar a quien, sin piedad, nos iba a robar el corazón.
Mientras viajábamos, les conté a mis hijos que en realidad íbamos a buscar un perrito, ese que tanto Cata pedía. Lo habíamos visto en varias fotos publicadas. Juan, en cambio, iba enojado porque, según él, “los perros se adoptan, no se compran”, y mucho menos un bulldog francés. Decía que eran un “error de laboratorio”, que tenían un montón de problemas… y bla, bla, bla. Así hizo todo el camino.
Cuando llegamos, vimos muchos perritos de diferentes razas. Pero hubo uno que se acercó moviendo su colita, saltando y haciendo un sonido muy particular que salía de su boquita. Mientras tanto, seguimos buscando a sus hermanitos, pero ya no estaban: meses antes los habían adoptado.
Entonces pregunté por qué a él no se lo habían llevado. ¡Era un vaquita hermoso!
Y ahí fue cuando la dueña del lugar nos dijo:
—¿No le vieron nada raro?
Mmm… no, no le veíamos nada raro.
Entonces nos respondió:
—No lo eligieron porque tiene la boca como un alfajorcito mal armado.
¡Mi amor! ¡Era un balcón esa carita! No parábamos de reírnos.
Desde ese momento, y durante once años, vivimos la experiencia más hermosa del amor más puro que puede existir.
Juan dijo:
—Te vas a llamar Ciro.
Y desde ese día quedó para siempre “el Cirito del amor”.
También era “el sobreviviente”.
Era un perrito que no conocía el miedo. Se enfrentaba a los sapos (y terminaba siempre con la boca llena de espuma), a serpientes, a comadrejas —familias enteras— y hasta a parejas de iguanas gigantes, dueñas desde hacía años del barrio. No importaba si enfrente tenía un chihuahua o un ovejero alemán: ese petisito no le tenía miedo a nada.
Total, sabía que al llegar la noche su cuerpito iba a descansar sobre mi cabeza. Y si yo no estaba, me reemplazaba con alguno de sus hermanos humanos. Ese aliento tan fuerte que solo yo podía soportar 🙈🤣, esos dientitos pequeños, esa carita única… todo en él era inolvidable.
Varias veces salió ileso de abajo de los vehículos… menos esta última. Porque ya sus sentidos estaban disminuidos, aunque su mente seguía siendo la d