22/10/2025
La pantalla del teléfono iluminaba el rostro cansado de Laura. Eran las nueve de la noche, y mientras en su pequeño apartamento a cientos de kilómetros de su casa el silencio era absoluto, al otro lado de la videollamada, su hijo Jorge, de siete años, luchaba por mantener los ojos abiertos.
—'Y entonces, el valiente caballero, después de salvar a la princesa del dragón, regresó a su castillo para comer galletas con su mamá', terminó Laura con una voz suave, intentando que no se notara la pequeña punzada en el pecho.
Jorge sonrió, somnoliento. —'Quisiera que tú me leyeras aquí, mami.'
Laura asintió, aunque sabía que no podía ser. Llevaba dos años dando clases en un pueblo rural donde no había encontrado una vacante para su nivel en la ciudad donde vivía su familia. Se había prometido que sería temporal, que en cuanto saliera algo más cerca, regresaría. Pero las oportunidades eran escasas, y el alquiler en la ciudad, impagable con un solo sueldo.
Cada noche era la misma rutina: clases hasta las cinco, corrección de exámenes hasta las siete, una cena rápida y luego, la videollamada con Jorge para el cuento de buenas noches. A veces, la conexión fallaba. Otras, la tarea de sus alumnos se le acumulaba y tenía que elegir entre dormir o terminar. Elegir siempre implicaba un sacrificio.
Hoy, mientras cerraba la laptop y el silencio volvía a envolverla, Laura miró el calendario. Mañana era la entrega final de proyectos, y tenía que quedarse hasta tarde en la escuela. Otra noche sin videollamada.
Se sirvió un vaso de agua, la garganta seca. 'No es solo leer el cuento', pensó. 'Es el abrazo de buenas noches, el beso en la frente, el sentir su calor. Son esas pequeñas cosas las que se pierden en este equilibrio constante entre la vocación y la maternidad.'
Sabía que estaba construyendo un futuro para Jorge, dándole el ejemplo de perseverancia y pasión por lo que hacía. Pero en momentos como este, mientras el reloj avanzaba y la soledad pesaba, solo deseaba poder estar en casa, no como la 'maestra Laura', sino simplemente como 'mamá'.
El corazón de una a menudo se divide entre el aula y el hogar. Esta es la historia de Laura, una maestra que, como muchos de nosotros, vive el desafío de la distancia y el sacrificio por su vocación y su familia.
¿Te resuena esta historia? ¿Has vivido o conoces situaciones donde la profesión docente exige tanto que se convierte en un malabarismo con la paternidad/maternidad? Comparte tu sentir en los comentarios.