24/04/2026
La Llamada 📱📽
El reloj de la pared marcaba las 3:14 de la madrugada. El silencio en la casa era tan denso que podía escuchar el zumbido eléctrico de los focos apagados.
Estaba acostado, dándole la espalda a la puerta, intentando dormir, pero el insomnio me tenía atrapado. De repente, lo escuché.
Toc... toc... toc...
Eran golpes suaves, pero firmes, viniendo del piso de abajo. No parecía que algo se hubiera caído. Sonaba... deliberado. Alguien estaba golpeando la madera.
Me quedé inmóvil, conteniendo la respiración. Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y vi la puerta de mi habitación entreabierta.
Toc... toc...
Los golpes se repitieron, más cerca esta vez. Estaban en el pasillo.
Sentí cómo se me erizaba la piel. Pensé en despertar a mi esposa, pero estaba demasiado aterrado para moverme, demasiado aterrado para hablar. Entonces, escuché pasos lentos, arrastrando los pies, acercándose.
La puerta comenzó a abrirse lentamente. Chirr...
El marco de la puerta se iluminó tenuemente por la luz de la luna del pasillo. Una figura oscura entró en la habitación. Caminaba despacio, con paso pesado, directo hacia la cama.
Podía escuchar su respiración pesada, rítmica. Estaba a solo un metro de distancia. Cerré los ojos con fuerza, rezando para que fuera una pesadilla, rezando para que al abrirlos todo hubiera terminado.
Sentí el colchón hundirse. La figura se sentó al borde de la cama, justo a mis pies. Luego, comenzó a avanzar despacio, arrastrándose hacia mí.
Estaba paralizado por el terror. Sentía su presencia, sentía el calor de su cuerpo. Estaba justo detrás de mí, inclinándose sobre mi oído.
Y entonces, una voz grave y susurrante dijo:
—"Sé que estás despierto... sé que me escuchas..."
En ese instante, mi teléfono celular, que estaba en la mesita de noche, comenzó a vibrar y sonar con fuerza.
El ruido me hizo saltar. Abrí los ojos de golpe. La habitación estaba vacía. La puerta estaba cerrada. Todo estaba en silencio, salvo el timbre de mi teléfono.
Tembloroso, tomé el dispositivo y miré la pantalla. No tenía nombre, era un número desconocido.
Contesté con la voz seca:
—¿¿Halo??...
Del otro lado, solo hubo una pausa. Y luego, la misma voz que había escuchado segundos antes, dijo con total calma:
—"Mira por la ventana..."