02/05/2026
Hace poco más de un año, entre mocos, cansancio y lactancia,
sentada en el sofá, viendo a mi bebé recién nacido dormido en mis brazos,
escribí esto para explicarme a mí qué era ese sentimiento que me inundaba
al saber que soy su mamá.
No te imaginas este amor hasta que te atraviesa.
Llega sin aviso, como una marea que lo inunda todo,
y de pronto ya no eres la misma.
Es un amor que no pide permiso,
que se instala en el pecho y lo expande,
que duele y a la vez sostiene,
que asusta por su intensidad y, sin embargo,
se vuelve tu lugar más seguro.
Nace en ese primer encuentro,
en ese instante suspendido donde por fin ves a tu criatura,
y entiendes: sin palabras
que la vida acaba de cambiar para siempre.
Y ahí se queda.
Acompañándote en cada paso, en cada miedo, en cada alegría.
Sí, un hilo invisible que no se rompe nunca.
Porque el amor por un hijo
no se termina,
no se apaga,
no se explica...
solo crece
toda la vida.